La artista, con una puesta en escena sencilla y cercana, compartió música, anécdotas y risas en un ambiente lleno de complicidad

Rosana triunfó el sábado en el Teatro Auditorio de Roquetas de Mar, donde presentó su show ‘Como en casa’, un concierto en formato acústico en el que la artista consiguió ganarse al público con su música, risas y sinceridad. El escenario planteado no permitía distracciones: Un sofá, una mesa, un jarrón con flores y un perchero. Todos elementos comunes en cualquier cuarto de estar que permitieron dos cosas: una cercanía familiar y que la artista tuviese toda la atención de los espectadores que, en determinados momentos del concierto, se convirtieron en protagonistas acompañando con sus voces a la canaria.

Mucho humor

La cantautora comenzó muy cercana. Durante los primeros temas hizo cómplices a los espectadores para gastar una broma a los que llegaran tarde al concierto. La premisa era sencilla. Si alguien entraba durante las canciones iniciales, ella terminaría de cantar, se despediría y la gente gritaría “¡otra, otra!” como si el concierto hubiese acabado. Y así sucedió. La broma funcionó y Rosana había conseguido convertir el Auditorio en su sala de estar y al público en sus invitados. De esta forma, se fueron sucediendo los temas, aderezados con anécdotas y una gran dosis de humor. Como cuando dijo que Roquetas le recordaba a Lanzarote por el viento. “Así tengo los pelos siempre [risas]. La gente me pregunta si me peino y yo les digo: ¿para qué?”.

El repertorio de las canciones resumía perfectamente los 20 años de éxitos de la artista, combinando momentos muy románticos con otros más alegres, de pasado y presente, donde el público ayudaba a la percusión con sus palmas. Canciones como ‘Mi trozo de cielo’, ‘En la memoria de la piel’, ‘El Talismán’, ‘Si tú no estás aquí”… En esta última, se paró para explicar bromeando que el público siempre se equivoca al corearla en el orden de las frases. De esta forma, propuso hacer señas mientras cantaba para que la canción saliese perfecta. Al público le encantó la idea y continuaron interpretando junto a la artista y su guitarra, pidiendo canciones y llamando “guapa” a la cantautora. “Guapa no, pero limpia…” contestaba ella entre risas.

Siguieron temas como ‘Soñaré’, ‘Puede ser’ o ‘Contigo’. La complicidad ya era total, con un público entregado y con un Auditorio que incluso se dividía para cantar diferentes coros a la vez y así jugar con las voces, los colores…

 

Para finalizar, Rosana explicó diferentes anécdotas que le habían ocurrido durante sus giras como consecuencia de las diferencias del lenguaje entre España y Latinoamérica. Errores inocentes que arrancaron las carcajadas de un público que quería más. Por eso, tuvo que salir de nuevo al escenario tras despedirse. Al dar por finalizado el concierto, le entregaron un ramo de flores que la artista agradeció para, después, lanzarlo al público de espaldas. Una noche genuina, donde la artista brilló por su sencillez y cercanía que, sin duda, hicieron las delicias del público asistente.