Roquetas de Mar rindió un gran homenaje el pasado martes a Fermín Estrella Gutiérrez, insigne almeriense que vivió durante muchos años en Argentina, donde fue un escritor de una gran trayectoria y una persona muy querida. El acto estuvo presidido por el alcalde de Roquetas, Gabriel Amat. Participaron Ignacio Jiménez y Gabriel Cara que ofrecieron una conferencia en torno a las raíces roqueteras de Fermín Estrella. No faltaron a la cita la concejala de Cultura, María Dolores Ortega y Manuel Cruz, director del área de Cultura, así como otros concejales tanto del equipo de gobierno como de la corporación municipal.

En este acto que se llevó a cabo en la Biblioteca Municipal contó con una masiva asistencia de público, recordando a dos miembros de la familia Estrella como eran Carmen Estrella y Pepe Cerrudo, hijo de un primo de Fermín Estrella que ya han fallecido. Ignacio Jiménez hizo una semblanza de Fermín Estrella destacando que “Don Fermín es, no sólo el poeta de Roquetas, del Marchal y nuestra Almería, sino también el gran poeta argentino”.

Ana María Cañadas Padilla, familiar de Fermín Estrella leyó una emotiva carta de agradecimiento, enviada desde la Argentina por sus hijos. Los hijos varones de Fermín Estrella Martínez, que eran José, Luis y Fermín Estrella Magán, fueron de los primeros carabineros que tuvo el cuartel de Cerrillos, y los tres, a los pocos años pidieron traslado al cuartel de la capital, que estaba situado al final de la calle la Almedina (esquina con la calle Real), pero sus domicilios estaban en la plaza de Pavía, lo que nos hace pensar que, con el tiempo, quizás tres cuartas partes de los habitantes de esa plaza llevaban el apellido Estrella.

Fermín Estrella Gutiérrez nació en 1900 en esta plaza tan castiza de Almería. Hijo de Fermín Estrella Moreno y de Dolores Gutiérrez Aznar (nació en Almería, pero sus padres eran oriundos del Marchal). Va a tener una infancia feliz, impregnada de un gran ambiente familiar. La posición económica de su familia en esos primeros años era holgada, ya que su padre, que había estudiado en la Universidad de Granada, administraba las exportaciones de dos firmas comerciales situadas en Almería, y también fue nombrado cónsul de Cuba y Ecuador.

Su madre era (en palabras de su hijo, “una mujer de gran ternura y bondad”. Fue su primera maestra, ya que le enseñó a leer, y quién le proyectó en el tiempo su pasión por la lectura, siendo el primer estímulo de Fermín Estrella en su vocación por las letras. Más tarde asistió a la escuela de un gran maestro valenciano afincado en Almería, don Vicente Gomis y Noguera, que tuvo sobre él una enorme influencia, y al que recordó siempre con cariño, respeto y hondo agradecimiento.

En el homenaje se hizo mención al libro Memorias de un niño de Almería, editado por el IEA., donde hay pasajes de su niñez, donde don Fermín narra la alegría de su casa, de los juegos de fantasía en la plaza, sus amigos, los romances y canciones antiguas que escuchaba, las mayas, los globos de papel, las noches de verano jugando en la plaza, sus veranos en el Marchal, la construcción del puerto, etc…Vivencias que jamás se borrarían de su mente y su corazón, acompañándole en toda su trayectoria tanto profesional como poética.

MARCHA A ARGENTINA

Llegó 1910, y en abril, cuando aún contaba 9 años, sale de Almería con su familia -sus padres, sus tres hermanos y su abuela María- hacia Argentina.

Emprenden el viaje en un barco llamado “Atlanta”. En el acto, Encarnita Vicente leyó recordando la partida, los poemas evocados por su madre ‘En una noche de luna’ y ‘Sólo al soltar las amarras’.

Fermín Estrella al igual que toda la familia, lleva para siempre grabado en la impronta del recuerdo, el viejo solar de sus mayores. Cuando abandona Almería, nada haría suponer entonces que, aquel chaval, un tanto tímido y soñador, estaba llamado a ocupar las más altas posiciones en el panorama cultural de la Argentina. Almería suele exportar –es nuestro orgullo y nuestra pena- un potencial humano que se estima en dejar alto nuestro pabellón más allá de las fronteras de casa.

No es, sin embargo, frecuente la emigración de compatriotas que, como Fermín Estrella, llegaría con el tiempo a obtener el nombramiento de Subsecretario del Ministerio de Educación en Buenos Aires, catedrático titular de literatura española en la Universidad bonarense, Presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, miembro de varias Academias de Letras Iberoamericanas, poeta universal, y otras muchas etcéteras de indiscutible mérito.

La pasión como escritor de Estrella surgió a los 14 años, colaborando con diversos diarios argentinos. Con 18 años publica sus trabajos creativos en la “La Gaceta Literaria de Madrid”. Juan José Ruiz Plaza leyó el poema ‘He aquí que salgo para cantarte’ de su libro Nocturno.

Ignacio Jiménez recordaba el martes que “Federico Cañadas Padilla, hermano de Ana María y familiar de D. FERMÍN, me regaló un libro que encontró en el Rastro de Madrid, con 18 cuentos escritos por él y publicados en 1970 en Méjico, por el Fondo de Cultura Económica. El prólogo lo hace Francisco Monterde, y dice que son cuentos posteriores al modernismo, con relatos realistas y con una prosa que se convierte, a veces, en lírica. Nos recuerda que este va a ser el estilo imperado en sus novelas, memorias y escritos de viajes”.

En 1934 se casó con Josefina Barrios, argentina pero descendiente de gallegos, con la que tuvo cuatro hijos: Josefina, Fermín, María del Mar y Alba. Su señora era profesora del Conservatorio de Música, pero colaboró con él en la confección de varios libros de texto, libros publicados por la prestigiosa editorial Kapelusz. Acompañó a su esposo en casi todos los viajes que éste tuvo que realizar tanto por el continente americano como por el resto del mundo, unas veces como diplomático y otras en representación de la Universidad donde ejercía.

VIAJES A ESPAÑA

En 1929, y con cuatro libros de poemas publicados, que han alcanzado un justo reconocimiento, Fermín Estrella regresa a España, con una emoción intensa. Viene de recorrer varios países, donde ha acudido a instancias del gobierno argentino, para estudiar los planes de instrucción pública. Alemania y Egipto han sido algunos de los países visitados. En el Círculo de Bellas Artes de Madrid le ofrecen una comida en su honor, a la que acuden destacadas personalidades y escritores, como Pérez de Ayala y Azorín.

En ese acto entabla amistad con Ortega y Gasset, Eugenio d´Ors, Ramón Gómez de la Serna, Gerardo Diego y Federico García Lorca. Es después de cumplir con sus obligaciones diplomáticas, cuando, con un profundo estremecimiento, regresa por primera vez a su ciudad natal. Lo recordaba así: “Entonces vivían aún mis padres, y ellos vinieron, en cierto modo, simbólicamente, conmigo: Mi emoción al volver a ver la Almería de mi infancia no tuvo límites. Entré llorando y salí llorando de la ciudad que me vio nacer y a la que volvía, hombre ya, como el hijo pródigo”.

Ni que decir que lo primero que hizo fue ir a ver y abrazar a todos sus familiares y amigos, que le acompañaron y agasajaron en todo momento. El joven poeta con su encuentro con la Almería culta de entonces, con sus parientes y amigos de sus padres, le hicieron aun más hermoso y cálido el regreso. En versión recogida por las crónicas del Padre Tapia, aquí se le celebra una comida en su honor, asistiendo a la misma un numeroso grupo de personas entre autoridades civiles e intelectuales, así como familiares y amigos. Las impresiones de su primer viaje a Almería, las recogió en el libro “Un film europeo”, que data de 1930.

Volvió de nuevo en 1961, y venía de regreso de la misión que la Academia Argentina de las Letras le había encomendado realizar en Italia, Francia y España, donde es recibido por el presidente de la Real Academia, don Ramón Menéndez y Pidal y otras personalidades. Deja un hueco para venir a Almería, y viene acompañado de su esposa y de sus dos hijas menores María del Mar y Alba.

En 1971 regresa de nuevo al lugar de sus sueños. En su equipaje trae el libro de poemas de su madre, que ha publicado, como homenaje póstumo a ella. Regala y firma muchos ejemplares a familiares y amigos, como queriendo dar a conocer el alma de poeta que su madre llevaba dentro y como en todos ellos hay siempre un nostálgico recuerdo de la Almería de sus sueños. Aprovecha y sube al Marchal, para seguir viendo a los amigos de siempre, antes de que el destino se los arrebate.

El último viaje lo hace en 1974, y de ese viaje se contó el martes con un testigo presencial del mismo, que además le acompañó durante algunos días en las visitas que Fermín Estrella hizo tanto a Roquetas como al Marchal. Luis López Navarro contó algunas de las vivencias que tuvo durante algunos días junto a Fermín Estrella.